Foto Via
La familia como primer espacio educativo necesita reflexionar sobre sus pautas educativas y tomar conciencia de su papel en la educación de sus hijos. La complejidad de la realidad actual se le escapa y esto repercute y evidencia en la vida del niño, graficándose en problemas escolares y familiares que surgen en la realidad diaria: desinterés, falta de motivación, escasa habilidades parentales, debilidad de límites, escasa tolerancia a la frustración, escaso o nulo manejo de consecuencias, dependencia afectiva, bajo rendimiento escolar, fracaso escolar, violencia, violencia intrafamiliar etc., que no se pueden adjudicar a la sociedad en abstracto, a la familia, a la escuela o a los alumnos, de manera independiente como “compartimentos sociales”, sino que la interacción de todos ellos de alguna manera inciden en sus actores y sus diferentes protagonismos. De ahí surge la necesidad de una formación específica en este nuevo campo de trabajo pedagógico, social, cultural, El Sistema Familiar, para que cualquier intervención que se intente llevar a cabo tenga en cuenta la visión global de su contexto. De la coordinación y armonía entre familia y escuela por ejemplo; va a depender el desarrollo de personalidades sanas y equilibradas, cuya conducta influirá en posteriores interacciones sociales y convivencia en grupo, que crearán un nuevo estilo de vida.
La familia juega un importante papel en este sentido, pero hay que ayudarla a tomar conciencia de ello, los cambios de la sociedad actual deben guiarla hacia una estructura participativa y de compromiso, de modo que cada uno de sus integrantes desempeñe su función, y tenga conciencia de su identidad individual como miembro de esa comunidad. La escuela se sitúa en el segundo espacio, de mucha importancia, en la vida de los niños y niñas, objetivos como: fomentar la participación, cooperación y colaboración entre los alumnos, la puesta en práctica de los valores comunitarios y democráticos que se proponen en la familia y la escuela, formarían parte de las experiencias y vivencias de los alumnos, desde los dos ámbitos en los que interactúa cada día, configurando su identidad y el concepto que de sí mismo van adquiriendo.
En una sociedad como la nuestra, la familia y la escuela han de tener claros sus roles y fomentar la vida comunitaria, como fundamento de toda posterior experiencia social. Siguiendo a Medina Rubio, T (1997): “La autoridad basada en el compromiso ético, el ejemplo como coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace y el amor como el motor que impulsa y da vida”. La experiencia temprana en la familia de formas de comunicación basadas en el diálogo y el consenso sustentarán actitudes democráticas de participación, colaboración y cooperación. En consecuencia, este aprendizaje será reforzado en la escuela si pone en práctica actividades en las que los alumnos trabajen en equipo, utilicen la negociación para resolver sus conflictos y pongan en práctica los valores de la vida comunitaria, los que se han iniciado en el hogar.
Claves Educacion
::::






Comentarios recientes
hace 3 semanas
hace 11 meses
hace 1 año